Psicoanimal

Los caballos, el COVID19 y el confinamiento

En momentos de cuarentena, de confinamiento y aislamiento social, personas de todas edades y rangos sociales se quejan y les cuesta mantenerse aisladas de aquellos que le son importantes. Somos seres sociales y, a pesar de haber conciencia de ello, el COVID-19 nos lo hace todo más evidente.

¿Quién se paró a pensar que tendríamos que estar separados de los nuestros? ¿No poder verlos cara-a-cara, darles un beso o un abrazo o sencillamente tenerlos ahí?

Pero pasó, está pasando y lo estamos sintiendo en la piel. Algunos están pasando por esto en familia, otros solos, otros, aunque no solos, teniendo que mantener una distancia que se hace imposible de soportar y dolorosa, por razones de protección.

Son momentos duros para todos, unos lo llevan mejor que otros, pero lo cierto es que la distancia se siente.

Pensando en todo esto y sintiéndolo en la piel, ¿la gente se dará cuenta de otras cosas?

No somos el único ser vivo con necesidades y, por supuesto, que no somos el único ser social.

En el medio de hacerlo todo más cómodo a nuestras propias necesidades, muchas veces siento que el ser humano cae en no respetar las necesidades de los demás seres vivos.

El respeto por el individuo, por el animal, no es solo darle su espacio y tiempo para conllevar una situación, sino también pensar en qué le puede permitir sentirse feliz con la vida que lleva.

Fuente de la infografía - www.fedupfred.com

Si pensamos en los caballos, por ejemplo, tener a un caballo confinado en un box (independientemente del tamaño, que por supuesto influye de cierto modo en su bienestar) es contra natura. El caballo es un ser social, es un animal que necesita estar con los suyos, incluso acepta estar con los de otras especies (mientras no se vea amenazado y esté habituado a ello). Es un animal que vive de la interacción, la comunicación, el moverse, sentirse libre.

Los boxes están pensados, en parte, en dar guarida al caballo, proporcionarle un espacio protegido de algunos factores, pero teniendo en mente la comodidad del humano. A la hora de realizar las labores resulta cómodo de algún modo parcelar las cosas. El trabajo de alimentación, limpieza, incluso el hecho de ir a por un caballo en particular, hace esta separación más fácil y cómoda, más ordenada para los humanos.

Sin embargo, ¿por qué surgen estereotipias? ¿por qué surgen miedos y rechazos? La falta de colaboración por parte de los caballos en estas condiciones es evidente.

Varias pueden ser las razones, pero una gran parte de estos “problemas” podrían verse amenizados por la conciencia de la interferencia de los boxes en la vida de estos animales.

Siendo un animal social, el caballo busca interacción con otros caballos.

Forma parte de esta interacción social: la observación, las miradas, el lenguaje corporal (a través de diferentes movimientos y posturas corporales indicando diferentes estados de ánimo, pasando información sobre el entorno y sobre las sensaciones del animal en cada momento). El olfato (detectando olores varios de sustancias, hormonas, feromonas secretadas por otros animales e indicativos de estados de ánimo, intenciones, sensaciones…), el tacto (por medio de toques, rozaduras, mordisqueos…) y sonidos (vocalizaciones varias).

Es cierto que el caballo es un animal presa, que necesitará sentirse seguro con los factores que comprendan su entorno. Sin embargo, la sensación de seguridad no pasa por un confinamiento y aislamiento social de los demás. Un caballo aislado, cerrado en un box durante una gran parte del tiempo, es un caballo que está privado de mucho de lo que comprende su esencia. A nivel social, es un caballo que puede sentirse solo, perdido, confuso en una multitud de sonidos y olores que no consigue juntar con su origen. Es un animal que se siente viviendo entre cuatro paredes, confinado, sin poder disfrutar de la libertad de movimientos y muchas veces ni siquiera un intercambio de miradas con otro de su especie. Es un caballo que siente que su espacio personal es invadido sin tener muchas veces como alejarse. En suma, vive incómodo, aislado, solo, nervioso y confuso.

Si le queremos dar guarida a los caballos, un espacio de descanso y protegido de la intemperie, ¿por qué no hacerlo de forma que éste pueda ir y venir cuando quiera? ¿por qué no permitirle su libertad de movimientos e interacción con los demás de su especie, e incluso de otras especies?

Un caballo que tiene sus necesidades suplidas es un caballo feliz, es un caballo que estará mucho más receptivo al manejo y al contacto con lo que nosotros humanos le pidamos.

 

 

 

Autora del texto - Berenice Paramés Jones. Psicóloga experta en IAA. Alumna del curso de Guía Equino de Psicoanimal. 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *